Dicen que cuando acaba una relación siempre hay un ganador y un perdedor. Siempre hay una persona que es la que quiere acabar con la relación y no se siente mal por ello, simplemente siente que ya no tiene lo mismo en común con la otra persona, que ya no la quiere ni la desea de la misma manera. Suele pasar. El problema es que casi siempre esta persona es la que se siente ganadora, que se cree que no está perdiendo nada ya que ha encontrado un mejor sustituto.
La otra persona en cambio, siente que su vida se desmonta, es como si todo su futuro se rompiera ante sus ojos, esos deseos de imaginarte tu vida con la otra persona desaparece y eres incapaz de ver un futuro, sólo lo ves todo negro, muy negro. Se te hace imposible imaginarte con otra persona que no sea ella y sientes que no sabes seguir sin ella. Duele tanto que no eres capaz de mirar hacia adelante, sólo sabes recordar el tiempo que viviste a su lado y puede que incluso te empieces a dar cuenta de todo lo que perdiste por darlo todo por una persona que tal vez no lo mereciera. La persona perdedora aún es incapaz de ver que en realidad no está perdiendo nada sino que está ganando pero hasta que pasa el tiempo es imposible.
Lo mejor de todo es que el tiempo pasa y acaban cambiando los papeles de una manera alucinante. La que se sentía tan ganadora, la que creía que tenía la vida en sus manos de repente recibe un mazazo y vuelve a la realidad y empieza a plantearse si en realidad fue la ganadora después de todo.
La supuesta perdedora va abriendo los ojos poco a poco y se va dando cuenta que la vida es mucho más fácil de lo que creía. Que puede que un día pensara que no podía vivir sin ella y al final se le da mucho mejor de lo que pensaba. No es que aprendiera a vivir sin ella, sino que acabo prefiriéndolo. La perdedora fue ganando cosas muy poco a poco hasta llegar a lo más alto. No tenía prisa porque las cosas fueran perfectas pero al final lo consiguió.
La que quiso ganar todo de golpe, lo acabó perdiendo todo por no saber apreciar lo que ya tenía y ahora es tarde, le perdiste para siempre.
Al final la perdedora acabó ganando muchísimas cosas; puede que se volviera también más desconfiada pero aprendió a valorarse más, aprendió que aunque a veces duela y sientas que estás perdiendo al fin y al cabo estás empezando a ser una ganadora.
Y hoy es el día que sé que fui yo la ganadora sin ninguna duda, así que sólo me queda darte las gracias, gracias por dejarme marchar.
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