jueves, 19 de noviembre de 2015

No quiero ser tu rutina, prefiero ser tu caos.

Alguien... Tal vez ni esa persona sepa que es la ilusión de otra, puede que a todos nos guste tener a alguien en quién pensar antes de dormir, no hablo de amor, no hablo de dormir con alguien. Hablo de tener una persona en la cabeza sin ni siquiera habértelo planteado, esa persona capaz de ponerte nerviosa con solo mirarte, que te eleve las pulsaciones, que te haga tener esa sensación de no entender por qué te vuelves idiota al verle pero que te encanta. Llamemosle juego, morbo. Lo atractivo de lo imposible, las ganas de lo prohibido. 

La verdad que no soy de rutinas, no se me da bien querer lo que en teoría debería querer, siempre se me ha dado mejor querer a escondidas, fijarme en una persona que ya comparte su vida y su cama cada noche, siempre se me ha dado mejor provocar caos que estabilidad.  
Pero también he de admitir que pocas veces vi tanta pasión como cuando algo se consideraba prohibido, he visto casados besando a otras mujeres con mayor pasión de lo que habrán hecho hace años con sus mujeres y a la inversa, he visto mujeres casadas con hombres perdiendo los papeles por alguien de su mismo sexo y esa sensación de caos que les enloquecía nunca les hizo huir sino acercarse más. Y por mucho que no quieras vuelves a caer, en el juego, en la pasión, en esas manos que jamás pensaste acabar. Y a veces ese caos puede volverse estabilidad caótica o seguir siendo esa historia sin fin pero que no quieres ni puedes evitar.

Y puede que todos tengamos una debilidad, unos labios a los que nunca sabríamos decir que no, unas manos que jamás confundirías, un caos que sabes que siempre lo seguirá siendo y en el fondo deseas que jamás acabe. 

Puede ser que yo sea parte de ese caos de alguien y eso ya es mucho, seguramente todos seamos parte del caos de alguien aunque no lo diga.

Y tal vez, aunque duermas al lado de otra persona, puede que alguna noche sea yo tu último pensamiento y eso ya es mucho más que la estabilidad que ofertan por ahí.

No quiero ser tu rutina, me gusta más la idea de provocarte, ser parte de tu caos.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Ex.

Todos hemos tenido esa sensación de que te arrancan el corazón, de sentir un dolor que no sabes explicar, una ansiedad que supera cualquier tipo de consuelo.  Te aferras a los recuerdos bonitos y caes en una espiral de dolor y emociones encontradas por lo que decides huir, perder el contacto e incluso intentar odiarle. Es como si intentando odiar a esa persona pudieras olvidarla, como si quisieras restarle importancia a todas las cosas que hizo por ti y te repites constantemente las que no hizo. Tal vez seamos nosotros mismos los que nos provoquemos esa sensación. 

Es verdad que es más fácil olvidar a alguien cuando de verdad te hacen daño pero y ¿Qué pasa con los que no te hicieron nada tan extremo como para odiar? Pues entras en un bucle de amor-odio, de intentar convencernos de que no nos quería como lo merecíamos. Tal vez, no sea posible querer en la misma intensidad que te quiere la otra persona pero es que es imposible coincidir totalmente en un estado anímico. 

A veces nos empeñamos en borrar a alguien de nuestras vidas, como si pudiera desaparecer como por arte de magia, ¿Pero y por qué olvidar a alguien que te hizo crecer tanto, alquien que te hizo creer en los increíbles, alguien que te hizo enloquecer de esa forma tan intensa? Tal vez nunca deberíamos olvidar a alguien que fue capaz de hacernos querer y aprender, porque no me creo que haya nadie que haya salido de una relación ilesa ni sin haber aprendido nada. Yo la verdad que soy muy de relaciones intensas que acaban en dramas, tal vez sea porque no sé medir y cuando quiero lo quiero todo ya y quiero con cada milésima parte de mí y cuando rompo con algo quiero romperlo en trozos tan pequeños como para hacerlo desaparecer. 

Pero la verdad que tal vez ese ex pueda convertirse de nuevo en el amigo que era, quién sabe. Alquien que te conoce tan bien como para hacerte enloquecer de esa manera, alguien que supo hacerte sentir todas esas cosas, ¿Realmente no merece un hueco en tu vida? No lo sé. Tal vez lo más fácil sea huir y no tratar de reorganizar sentimientos y pensamientos y decir; vale, no ha funcionado como pareja pero sí que es verdad que siempre se nos dio mejor ser amigos. Puede que nos de por intentar odiar porque es más sencillo que aceptar y asumir la realidad y tener claro que aunque ambas vidas se separen puede seguir habiendo algo mucho más importante que acabar en una cama.

Gracias en especial a ti, por haber seguido ahí siempre aun cuando yo misma hubiera huido de mí.




sábado, 27 de junio de 2015

Amar el camino, aprender de cada error, vivir la vida en definitiva.

Fases, etapas. Sin darnos casi cuenta hemos finalizado la etapa de universitarias y parece que fue ayer cuando iba en un coche llorando porque sabía que quería irme pero tenía miedo. Miedo a lo nuevo, a la soledad, a comenzar un nuevo camino sola, dejando atrás personas que sabía que no seguirían en mi vida. Y fue así, dejé atrás personas, momentos que sabía que no cabían en el futuro que me deparaba. Sobre todo la dejé atrás a ella, se había acabado el tiempo de seguir en  un sinsentido, se acababan las horas metidas en un bar sólo por regalarle una sonrisa, ya había perdido sentido todo eso, me iba, era el momento de dejarte ir, era el momento de aprender a sonreír sin ti.

Comencé un nuevo camino, recuerdo el primer día de la universidad que me junté con dos compañeras que sólo hablaban valenciano y pensé "donde me he metido".

Recuerdo todos los miedos que me invadían, todas las dudas que tenía en mi primer día de prácticas hospitalarias, llegué media hora antes a la planta de cardiología, me temblaban hasta las pestañas. Recuerdo a la primera habitación que entré a algo tan simple como tomar la tensión, pero sabía que ese era el comienzo de la verdadera enfermería,  en la que entras en una habitación sin saber qué te encontrarás dentro, pero ahí vas con tu pijama blanco y tu sonrisa. Siempre salía de esas primeras prácticas sonriendo y llamaba a mi madre para contarle todo lo nuevo que había aprendido esa tarde. Ese fue el comienzo de todo lo que aún nos depara al elegir la carrera más bonita de todas, todo lo que siempre queda por aprender. Me quedo con cada paciente, cada gracias, cada sonrisa, cada abrazo... Aún siendo simples alumnas de prácticas, conseguimos hacer más amena la estancia a muchas personas y eso no hay dinero que lo pague.

También el camino es más fácil cuando tienes compañeras con quién compartir momentos de tensión, de agobio, de sentirte menos perdida en una ciudad con mi pésima orientación.
He de admitir que de Valencia me llevo muchísimas cosas, pero sobre todo aprendizaje. Aprendí que las cosas no vienen solas, que quedándote en casa no llega nada, que las cosas se deben de buscar, como las personas. Conocí a personas que se convirtieron en ese algo especial que tiene Valencia, tanto en un cruce de miradas en un gimnasio como en un bar. Me quedo con ellas. Con las que aún siguen ahí y a las que no también daros las gracias. Por haber formado parte del camino, tanto por lo bueno como por lo malo.


Gracias a cada persona que siempre me esperó a 600km con los brazos abiertos y a las que ahora me esperan a esos 600km pero a la inversa.

Gracias por tanto, por hacerme creer en los imposibles, por hacerme realmente feliz, siempre será un placer volver, siempre será un placer volveros a abrazar, os quiero.



jueves, 12 de febrero de 2015

Vivir.

La suerte de tener una profesión en la que estás en constante contacto con personas es que siempre hay alguien que nos enseña o recuerda algo, sobre todo las personas mayores. Conocí pacientes al final de su vida y todos coincidían en lo mismo; en que es necesario vivir haciendo lo que de verdad queremos hacer en cada momento o llegaremos a una edad en la que todo eso ya no se puede hacer o ya se haya hecho tarde.
Hubo pacientes que se arrepentían de haber perdido el tiempo, incluso una vida junto a la persona equivocada y todo por no afrontar a tiempo lo que querían o por miedo al qué dirán. Esto pasaba hace 60 años y sigue pasando hoy en día. Sigue habiendo parejas que conviven pero quieren a otra persona, conocí a mujeres enamoradas de otra mujer que siguieron con su marido porque era lo que debían hacer (si si hijos incluidos), conocí matrimonios donde el amor se había agotado hace años pero les mantenía unidos una costumbre y un par de amantes. Es triste pero hay personas que sé que de aquí a unos años serán esas personas ancianas que se arrepentían de no haber vivido como querían vivir teniendo todas las oportunidades en sus manos.

Las oportunidades pasan, cuando menos las esperas y si no las coges a tiempo puede que te arrepientas toda tu vida, así que yo me subo al tren que viene,cada uno que elija si prefiere vivir en una estación viendo la vida pasar o vivir su vida como de verdad quiere. Aún estás a tiempo. Vive tu vida.

Ven, súbete a este tren.




Un saludo especial para las heteroflexibles que prefieren vivir en el armario que afrontar la realidad, igual en la vejez asumiréis la realidad quién sabe, igual en la jubilación quemareis Chueca, buena suerte :)


Hoy vas a descubrir que el mundo es sólo para ti...

miércoles, 28 de enero de 2015

La libreta de nuestra vida

Ayer compartiendo una copa de vino y entre historias, una amiga me contó un cuento que me encantó:

Un día un hombre llegó a un lugar bello pero también misterioso que le llamó mucho la atención. El hombre entró a aquella colina y caminó lentamente entre los árboles y unas piedras blancas. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sobre una de las piedras, descubrió aquella inscripción: “Aquí yace Abdul Tareg, vivió cinco años, seis meses, dos semanas y tres días”.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía: “Aquí yace Yamin Kalib”, vivió tres años, ocho meses y tres semanas.

El hombre se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas; todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más le conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los seis años.

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. "¿Qué pasa con este pueblo? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?”, le preguntó al cuidador.

El anciano respondió: "Puede usted serenarse. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y comience a anotar en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado en los pequeños y grandes detalles... a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo interior, la felicidad, a pesar de las adversidades. Las tumbas que usted ve aquí, no son de niños, sino de adultos; y el tiempo de vida que dice la inscripción de la lápida, se refiere a la suma de los momentos que duró la verdadera felicidad de cada una de las personas que descansan en este lugar”.


“Así pues –prosiguió el anciano dando una palmada en la espalda de su interlocutor-, cuando alguien muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo vivido”. 


La verdad que no pudo encantarme más esta teoría, tal vez todos necesitemos una noche cualquiera con unas buenas amigas hablando de todo y de nada a la vez para darte cuenta de todas las veces que perdemos tiempo por cosas absurdas. Perdemos demasiado tiempo preocupados por el futuro, por el qué dirán o por no querer hacer las cosas mal sin acordarnos de lo que queremos de verdad. Tal vez todos necesitemos pararnos un momento y ver si estamos llenando la libreta de nuestra de vida de tiempo vivido de verdad.


Un verdadero placer vivir rodeada de personas que hacen que puedas llenar la libreta de tu vida con días cualquiera que se vuelven perfectos.

 Hoy es un buen día para empezar a escribir la libreta de tu vida, hoy es un buen día para ser feliz.


jueves, 8 de enero de 2015

Tan sólo es una línea.

Te quiero aun estando a casi 1000 kilómetros de distancia, imagínate lo que te puedo llegar a querer cuando no quedan kilómetros que recorrer entre nosotras, cuando puedo sentir hasta tu respiración, cuando ya no hay problemas, cuando solo quedamos tú y yo.
Una línea recta en el mapa es lo único que nos separa, una línea que da ganas de recorrerla incluso andando si hiciera falta e inventar un nuevo camino, el camino donde el fin es el más deseado, encontrarte.
Te echo de menos, cada día pero aún te echo más de menos cuando las cosas se complican un poco tanto ahí como aquí, cuando los problemas se multiplican por el simple hecho de no poder estar donde nos gustaría estar. Te echo de menos por cada bonito momento vivido como por haberme amenizado todos los malos, te echo de menos por cómo me haces sentir con sólo mirarte a los ojos. Cuando agacho la cabeza e intento huir y tú solo necesitas mirarme para tranquilizarme.
Te quiero aquí y ahora o donde sea sin relojes que midan el tiempo, no quiero más despedidas, quiero llegar ya al final del camino y que estés ahí esperándome después de todo lo que has tenido que aguantar.
Podemos con todo lo sé, te aseguraste de dejármelo claro cada día, gracias.

Eres increíble y sólo tú podrías hacerme sentir todo esto aun a 1000 kilómetros de distancia, imagínate cuando te tengo cerca; simplemente no necesito nada más.

MZSA.