miércoles, 28 de enero de 2015

La libreta de nuestra vida

Ayer compartiendo una copa de vino y entre historias, una amiga me contó un cuento que me encantó:

Un día un hombre llegó a un lugar bello pero también misterioso que le llamó mucho la atención. El hombre entró a aquella colina y caminó lentamente entre los árboles y unas piedras blancas. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sobre una de las piedras, descubrió aquella inscripción: “Aquí yace Abdul Tareg, vivió cinco años, seis meses, dos semanas y tres días”.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía: “Aquí yace Yamin Kalib”, vivió tres años, ocho meses y tres semanas.

El hombre se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas; todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más le conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los seis años.

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. "¿Qué pasa con este pueblo? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?”, le preguntó al cuidador.

El anciano respondió: "Puede usted serenarse. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y comience a anotar en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado en los pequeños y grandes detalles... a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo interior, la felicidad, a pesar de las adversidades. Las tumbas que usted ve aquí, no son de niños, sino de adultos; y el tiempo de vida que dice la inscripción de la lápida, se refiere a la suma de los momentos que duró la verdadera felicidad de cada una de las personas que descansan en este lugar”.


“Así pues –prosiguió el anciano dando una palmada en la espalda de su interlocutor-, cuando alguien muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo vivido”. 


La verdad que no pudo encantarme más esta teoría, tal vez todos necesitemos una noche cualquiera con unas buenas amigas hablando de todo y de nada a la vez para darte cuenta de todas las veces que perdemos tiempo por cosas absurdas. Perdemos demasiado tiempo preocupados por el futuro, por el qué dirán o por no querer hacer las cosas mal sin acordarnos de lo que queremos de verdad. Tal vez todos necesitemos pararnos un momento y ver si estamos llenando la libreta de nuestra de vida de tiempo vivido de verdad.


Un verdadero placer vivir rodeada de personas que hacen que puedas llenar la libreta de tu vida con días cualquiera que se vuelven perfectos.

 Hoy es un buen día para empezar a escribir la libreta de tu vida, hoy es un buen día para ser feliz.


jueves, 8 de enero de 2015

Tan sólo es una línea.

Te quiero aun estando a casi 1000 kilómetros de distancia, imagínate lo que te puedo llegar a querer cuando no quedan kilómetros que recorrer entre nosotras, cuando puedo sentir hasta tu respiración, cuando ya no hay problemas, cuando solo quedamos tú y yo.
Una línea recta en el mapa es lo único que nos separa, una línea que da ganas de recorrerla incluso andando si hiciera falta e inventar un nuevo camino, el camino donde el fin es el más deseado, encontrarte.
Te echo de menos, cada día pero aún te echo más de menos cuando las cosas se complican un poco tanto ahí como aquí, cuando los problemas se multiplican por el simple hecho de no poder estar donde nos gustaría estar. Te echo de menos por cada bonito momento vivido como por haberme amenizado todos los malos, te echo de menos por cómo me haces sentir con sólo mirarte a los ojos. Cuando agacho la cabeza e intento huir y tú solo necesitas mirarme para tranquilizarme.
Te quiero aquí y ahora o donde sea sin relojes que midan el tiempo, no quiero más despedidas, quiero llegar ya al final del camino y que estés ahí esperándome después de todo lo que has tenido que aguantar.
Podemos con todo lo sé, te aseguraste de dejármelo claro cada día, gracias.

Eres increíble y sólo tú podrías hacerme sentir todo esto aun a 1000 kilómetros de distancia, imagínate cuando te tengo cerca; simplemente no necesito nada más.

MZSA.