Que rápido pasa el tiempo cada vez que quieres que pase lento, incluso cuando harías cualquier cosa por pararlo. Anoche lo intentamos: cogimos el relog y le quitamos la pila, por unas horas olvidamos que alrededor nuestro el tiempo seguía pasando y que por mucho que no quieras la vida va pasando casi sin darte cuenta.
Trabajando en la residencia de ancianos aprendí más que nunca a valorar todo lo que tengo y sobre todo a valorarme más a mí misma. A veces no nos damos cuenta de la capacidad que tenemos de hacer un poco más feliz al resto de la gente, no nos damos cuenta que una sonrisa puede alegrar a cualquiera. No entiendo a la gente que se empeña en ver lo negativo a todo, la gente que no sonreiría a no ser que le tocara la lotería. Soy de las que cree que quien quiere ser feliz puede llegar a serlo incluso más de lo que nunca pudiste imaginar.
Nunca imagine ser tan feliz y nunca había tenido tan claro que pienso aprobechar cada día de mi vida, cada hora, cada minuto, incluso cada segundo. A saber qué me depara el futuro pero tomé una decisión: haga lo que haga, pase lo que pase, siempre voy a hacer algo: intentar ser feliz en cada momento y que mi felicidad nunca dependa de una sola persona.
Gracias a cada persona que hace que el tiempo se me pase volando, os echaré muchísimo de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario